Por Fernando Inçaurgarat
El Equipo Argentino de Escultura en Nieve participó del X Concurso Internacional de Escultura en Nieve en Nayoro, Japón. El autor de la nota es oriundo de Llavallol y la nieve la conoció, obviamente, viajando y lejos de su ciudad natal.
Desde el año 2001 participo con un grupo de artistas plásticos en concursos de escultura en nieve en distintos lugares del mundo. Si, escultura en nieve; no en hielo, en nieve.
Estos concursos se vienen organizando desde hace muchos años, los más antiguos son los de Sapporo, en Japón, y Quebec, en Canadá, que ya van por los casi 40 años de realización. Los organizadores arman encofrados de madera o metal con unas dimensiones de 3 metros por lado (aunque cambian de acuerdo a la organización), los llenan de nieve y los compactan. Enseguida, se sacan los encofrados y los bloques ya están listos para esculpir. Generalmente, hay entre 15 y 20 bloques que los artistas trabajamos durante 3 ó 4 días con herramientas para nada convencionales. Son herramientas para cortar el bloque (un cable de acero con pedacitos de caño apretados al cable que actúa como un serrucho), otras para tallarlo (palas planas y con filo o dientes) y otras para alisarlo (rayadores de queso para pulir el bloque).
Desde hace varios años venimos participando representando a la Argentina en lugares como los que mencioné y también en Milwaukee; Chicago; Michigan, en EEUU; London y Sarnia, en Canadá; Lienz en Austria; Torino, en Italia para los Juegos Olímpicos de invierno en 2006; también en Ushuaia y en Japón, además de Sapporo, en Nayoro, que también está ubicado en la isla de Hokkaido.
Durante estos años fuimos distintos integrantes y en esta última oportunidad participamos los artistas plásticos residentes en Santa Teresita, Fernando Inçaurgarat y Alfredo Juan Diez, quienes partimos en avión en enero desde Ezeiza, viajamos 10 horas hasta New York, en donde esperamos 6 horas el otro avión que nos condujera a Tokio. Arribamos a la capital japonesa después de otras 14 horas en dicho avión. A esta altura, ya habíamos viajado por más de 30 horas y llegamos con una diferencia horaria de 12 horas. Además, llegamos obviamente en invierno, cambiando el calor agobiante de Buenos Aires por el frío de Tokio. En el aeropuerto nos esperaba la tercera integrante del equipo, Mariel Diez-Ara, una argentina que está viviendo en Suiza y que haría su primera experiencia en las esculturas de nieve.
Luego de un par de días en Tokio, donde nos adecuamos a las temperaturas invernales y al cambio horario, viajamos en tren hasta la ciudad de Nayoro en la isla de Hokkaido, bien al norte del país. Este viaje en tren que duró más de 12 horas y varios cambios, nos permitió no sólo ahorrar en pasajes, sino también conocer más de cerca el país y sus costumbres. Recorrimos en el Shinkansen (el tren bala japonés) unos 620 kilómetros en menos de 3 horas. Luego, el tren nos llevó por un túnel que une la isla con el continente y que mide más de 50 kilómetros de largo y alcanza una distancia de 250 metros bajo el nivel del mar.
Ya en la isla, el paisaje se transformó en blanco y el frío era mucho más evidente. Mientras que en Tokio no había nieve y hacía 6 ó 7 grados sobre cero, en Nayoro todo era blanco y a los costados de las calles se acumulaba la nieve llegando a los 3 ó 4 metros y la temperatura llegaba a los 10 grados bajo cero.
Al día siguiente de arribar, aprovechamos para visitar la ciudad de Sapporo en donde se realiza el Festival de Nieve y el ejército japonés realiza majestuosas esculturas de más de 15 metros de alto y entre 25 y 30 metros de ancho. Este evento es el más importante del invierno en Japón y por él pasan más de 3 millones de personas.
Ya en Nayoro, el comienzo del X Concurso Internacional de Escultura en Nieve se realizó en un escenario de nieve que era parte de una escultura de varios metros de altura y allí se presentaron 20 equipos. Entre los países que fueron seleccionados para este concurso, que es uno de los más importantes del mundo por su calidad, estuvieron China, Corea, Singapur, India, Alemania, Francia, República Checa, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Japón y Argentina. Todos ellos con vasta experiencia en esculturas, no sólo de nieve. Durante 3 días y medio, los escultores trabajamos sobre un bloque de 3 metros por 3 metros por 3 metros, bajo una nevada persistente durante casi todo el tiempo.
Ya al tercer día se perfilaban las esculturas que todos indicaban como posibles ganadoras de los premios. Un jurado evaluó los trabajos y seleccionó a los de Canadá, Corea y República Checa, mientras que el público eligió al trabajo de China.
La Argentina quedó bien conceptuada y fuimos invitados a participar el año próximo, además de recibir invitaciones para otros concursos en otros países. Después, desandamos el camino y volvimos en tren hasta Tokio para tomar allí el avión.
La experiencia japonesa
En todo el viaje nos vimos sorprendidos por la amabilidad del pueblo japonés, así como por la organización, el respeto por el otro y la limpieza que se ve en el país. Los japoneses parten de un concepto distinto, ellos se preocupan más por los demás que por ellos mismos. A nosotros nos han atendido de maravillas, tal es así que se preocuparon en todo momento porque nos sintiéramos cómodos, pero esa amabilidad se veía también entre ellos. No son tan afectuosos como nosotros, no se saludan con la mano ni se dan un beso, ellos se hacen reverencias.
Otro tema para nosotros fue la comida, es muy distinta. Veíamos cómo desayunaban, almorzaban y cenaban pescado y arroz. Pero es muy variada también, no sólo comen eso. Pero para nosotros, acostumbrados a nuestra variada alimentación, fue difícil.
Por otra parte, son de una prolijidad y de una limpieza admirable. Allí pude comprobar que tienen un concepto de vida en sociedad. Ellos no comprenden porqué uno tira un papel en la calle, simplemente porque no le encuentran sentido. Saben que el papel que uno tira queda allí hasta que alguien lo levante y son millones viviendo en ciudades, por eso saben que el cuidado lo deben hacer todos.
La sensación que nos quedó es que es un país que vale la pena conocer y que nos gustaría volver a representar a la Argentina en lugares tan remotos y así poder dejar nuestra presencia cultural siempre vigente.